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Ya estamos más que acostumbrados al concepto ‘fusión’ así que cuando alguien consigue sorprender utilizando este término manido, tiene doble mérito. Boca lo ha hecho, instalado en la calle Luchana, ofrece cocina fusión asiática y madrileña que encuentra su punto diferenciador en lo exquisito de los platos y en el maridaje de cada uno de ellos con una amplia oferta de coctelería de autor.

Iván Arévalo es el chef de lo castizo y Carlos Medina el de lo asiático, y juntos han creado este concepto de cocina canalla y callejera que caracteriza a Boca. La fusión se aprecia en platos nunca vistos como el cocido que se convierte en ramen o los callos transformados en hot pot, o incluso en unos dumplings que olvidan el estilo oriental para rellenarse de un guiso clásico de pollo en pepitoria, o una tortilla de patata introducida en un Xialongbao. Pero también hay un homenaje a la tradición más pura del sudeste asiático, que se saborea en las salsas y fondos de los platos y en propuestas como el tradicional pato Pekín o el arroz estilo Koh Samui, un arroz frito con piña, anacardos, gambas y salsa Rin’s, que no ha cambiado un ápice su receta tailandesa (si acaso se han adaptado los picantes, menos soportados por los paladares occidentales).

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Arroz estilo Koh Samui.

Para compartir se recomienda empezar por un plato fresco como el mango con adobo originario Texmelucan, especiado pero dulce y con el toque del bonito fresco curado en sal y aceite de oliva. A continuación, uno debe lanzarse a la piscina, porque el juego de Boca está en descubrir. El curry verde thai con callos de bacalao, el steak-pastrami o la lubina estilo Tamsui cocinada en cuatro fases –curada en sal, cocinada a baja temperatura, encamada y al vacío en aceite de oliva– que Iván termina en mesa y que sigue fiel a la receta del norte de Taiwan. Para terminar, una tarta de queso dulce, cómo no, con un toque diferente que recuerda a las almendras amargas y pone el broche final a la experiencia.

En cuanto a la coctelería, Onexi –o ‘One’, como quiere que le llamen–, ha creado nueve cócteles que maridan con los platos que contiene la carta. Uno de los más sorprendentes es el Boca Mary, una versión del Bloody Mary que incorpora kimchi casero y soja en lugar de la salsa Perrins. El Martin Garata es uno de los que más gusta por su frescor y por el toque de curry, y el One Tox nace de los orígenes dominicanos de One y su recuerdo del puré de remolacha mezclado con zumo de zanahoria, naranja y lima, al que añade Umeshu, un licor de ciruelas japonés. Todos los cócteles cuentan con algún elemento alimenticio, uno de ellos tiene hasta guacamole, que sirve de hilo conductor con los platos.

La estética del local, al más puro estilo street food asiático, ya anuncia que vamos a probar algo canalla. Street art, ladrillo visto, un rincón con sofás de skay… Todo nos prepara para el despliegue gastronómico que se vive dentro de Boca, una caja llena de sorpresas en Chamberí.

Precio medio 30€; cócteles 8€

Comidas de martes a sábado de 13:30 a 16h, cenas de lunes a jueves de 20:30 a 23:30h, viernes y sábado de 20:30 a 00:30h

Bilbao

91 447 49 04

* Fotos Paco Montanet

Un comentario

  • Responder
    Pedro
    7 octubre, 2016

    Sois muy generosos en vuestro articulo con este nuevo lugar. Lo habéis probado? En mi opinión, El Boca es uno de estos sitios nuevos que abren en el barrio y en seguida se cierran. No creo que vaya a durar más que unos meses, de hecho me sorprenderia si sigue abierto en Navidad. Una lástima por lo que han gastado en decoración que es lo mejorcito del lugar aunque ni eso está completamente bien hecho. Las instalación eléctrica está mal hecha y las luces parpadeaban continuamente que era muy molesto. En cualquier caso lo peor era sin duda la comida. Se vende como un espacio de fusión pero es todo postureo. Unas hojas de lechuga con cacahuetes y un par de trocitos invisibles de carne cruda encima es lo que se puede esperar. Uno detrás de otro, los platos seguian todos la misma tónica de desilusión. Han dedicado más tiempo a las descripciones de los platos que en hacerlos. Pero la historia no termina aquí. Al final intentaron el clássico “fuera de carta” con los postres para clavarnos algunos euros más (9 concretamente por postre) pero afortunadamente conseguimos resistir al hambre que teniamos y salimos corriendo para ir cenar a otro sitio. Ah y te intentan cobrar el agua de grifo también.

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