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‘El Talgo Bar’, cañeo y tapeo en la zona de Retiro

Laura Bolea

El matrimonio formado por Ana y Jorge es el responsable de hacer al Talgo funcionar, un bareto del barrio de Retiro en el que sus artífices se declaran vividores de la vida, valga la redundancia. Ambos vienen del mundo empresarial y juntos querían tener un rinconcito en Madrid para convertirlo en un oasis de diversión y buen comer. Con ese cometido han montado esta taberna que vuelve a los orígenes, informal y canalla, donde el cañeo, el tapeo y el buen rollo son el pan de cada día. Y cada noche.

Para encontrar explicación al nombre hay que remontarse a 1951, cuando el espacio estaba ocupado por una zapatería homónima. Más tarde otros negocios se asentaron allí, como el ‘Bar Andana’, anterior inquilino y del que conserva el ladrillo visto, el banco corrido del comedor y la terraza que está al otro lado de la calle. La personalidad de los nuevos dueños se muestra en pequeños detalles, tanto en los objetos curiosos comprados en diferentes mercadillos del país como en las mesas altas de la barra, diseñadas en exclusiva por un herrero barcelonés.

TAPEO TRADICIONAL

Para la carta se han dejado asesorar por su amiga Virginia López, cocinera y fundadora de Catering Woods. Con los gustos personales de Ana y Jorge y los conocimientos de la chef, proponen una oferta tradicional de tapeo con un toque especial, platos reconocibles y bastante presencia de recetas de Cádiz, ciudad por la que sienten devoción. Salmorejo clásico o de fresón; Ensaladilla rusa con gambón y toque de wasabi o Curry amarillo de pollo con arroz son algunos ejemplos de lo que podemos encontrar allí.

Talgo Bar, restaurante de tapas tradicionales en la zona de Retiro

Cuidan mucho la materia prima, por eso los Chicharrones de Cádiz aliñados con unas gotitas de limón exprimido y sal vienen de Chiclana, auténticos y para comer con los dedos, se devoran sin mesura. Los ibéricos, como el lomo o el jamón de bellota, son de la Sierra de Huelva mientras que el Queso de cabra payoya también es gaditano. Los panes los compran en el Obrador San Francisco y en Levadura Madre. Y así, suma y sigue; como las especias que lleva el Estofado de ternera, compradas en Pepita y Grano.

Lo más recomendable es probar los imprescindibles de la casa, con un comienzo prometedor: las Patatas bravas con la salsa clásica. Preparadas de la manera tradicional (sin tomate y con caldo de pollo) son las de toda la vida, con un buen pimentón de la Vera picante y al punto perfecto de cocción, crujientes por fuera y tiernas por dentro. Seguimos con los Chicharrones de Cádiz, como decimos, espléndidos, y con una Tosta de sardina ahumada, con el lomo de pescado de Casa Santoña y acompañad0 por ajoblanco de coco. A continuación, la Ensaladilla de gambón, melosa y correcta, y las Alitas japoñolas, que llevan una salsa japo con influencias de aquí, muy solicitadas en todas las mesas.

Otro de los que presumen son de los Huevos trufados con setas, preparados con huevos ecológicos que vienen de Granja Jaeña, trufa espolvoreada y setas variadas confitadas. Y para terminar el capítulo de ‘temazos’, buenas son las Quesadillas de boniato, rellenas con crema de batata asada, pasta de judías blancas y queso cheddar. Además, ensaladas frescas y variadas y, cada día, una sugerencia nueva, como el Wok de verduras y tallarines con pollo.

En la parte dulce, postres caseros como Brownie de chocolate o Tarta de queso, mientras que para beber proponen tintos y blancos españoles, algún que otro Riesling alemán y un Souvignon Blanc. Pero como aquí lo que se lleva es tapear, el vermú de grifo artesano que proveen de Chiclana resulta muy apropiado, o el St. Petroni gallego con albariño, tanto en blanco como en rojo.

EL IMPRESCINDIBLE son las Alitas japañolas, confitadas primero durante horas en sal ahumada, jengibre, guindilla roja, ajo y un oloroso español, y fritas después en aceite hirviendo y salteadas con salsa de soja con mirin y vinagre de arroz.

FÍJATE EN… el neón de la entrada, se trata de una réplica del mismo letrero que tenía la zapatería de entonces. La cristalera también es la de antaño, ya que está protegida por la Ley de fachadas, con la diferencia de que las ilustraciones que la dan vida las han hecho ellos mismos a mano, con ayuda de su amigo Alberto. Toda la fachada tiene un encanto especial.

*Fotos: Paco Montanet

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