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‘La Marchante’, cocina slow food en una galería de arte

Beatriz Jarauta

En medio de museos, teatros y antiguos palacios ha nacido una nueva propuesta con un encanto diferente al resto de locales, o al menos distinto a lo que estamos acostumbrados a ver. Hablamos de La Marchante, un restaurante y galería de arte ubicado en una esquina del cruce entre Calle de Prim y Conde de Xiquena, abierto por los mismos artífices de La Más Croqueta. Pero aquí, además de pasar un rato muy agradable probando su cocina, se podrá admirar todas las obras que cuelgan de sus paredes. Y sí, si uno quiere, ¡las puede comprar! Ellos mismos se encargan de hacer de intermediarios. Tampoco podíamos pedirle menos a Las Salesas, ¿verdad? 

UNA GALERÍA QUE MARIDA ARTE Y RESTAURACIÓN

Suena tal cual es: La Marchante no solo es un restaurante, sino un espacio galería de arte convertido en sala de comidas. El piso de abajo es ideal para tomar un vermut y un pincho rodeados de luz natural, ya que sus ventanales son enormes. El piso de arriba no defrauda ni un poco: lo han convertido en comedor y han puesto mucha atención a su decoración, de colores claros y madera que le dan un aire muy relajado. Pero esto no es todo: en sus paredes, mientras gozas de una jugosa tortilla de patata y un buen tinto, encontrarás diferentes obras de artistas que van cambiando cada dos meses. Una galería temporal que acoge a fotógrafos, pintores y otros artistas para dar visibilidad a sus obras. Un ambiente perfecto para relajarse y sentirse en armonía con el barrio.

La Marchante, cocina slow food en una galería de arte de Chueca

COCINA SLOW FOOD Y MATERIA PRIMA DE CALIDAD

La cocina de La Marchante es todo lo relax que podemos esperar de un espacio ideado para exhibir arte. La propuesta gastronómica de Noel Urbina se basa en la conocida como slow food, o comida ‘reconfortante’, que llamamos por aquí. Básicamente hablamos de platos informales pero de gran calidad, con materias primas muy bien seleccionadas y tratadas que sientan de maravilla al cuerpo y a la mente. Y todo esto en un ambiente que invita a quedarse de sobremesa hasta más allá del café. En su piso de abajo, además, lo que encontramos detrás de la barra es un reflejo informal de lo que se puede comer arriba en una especie de adaptación de sus platos al formato tapa.

La carta de su zona de comedor se divide en Tierra, Agua, Aire y Fuego. En Tierra encontramos entrantes de cultivo para ir calentando motores como la Ensalada viva a base de mariscos, pepino, tomate seco y kalamata, el Bimi o brócoli tierno con romesco y sal Maldón o el que probamos nosotros y nos cautivó por completo: la Burrata, preparada con lazos de calabacín, tomates cherry y aliño de pesto;  sencilla pero clave para empezar bien la comida: la mezcla de todos los sabores es brutal. Las Alcachofas crujientes también triunfan. Las sirven crujientes por fuera y jugosas por dentro, con su pesto de tomate seco y el jamón.

La Marchante, cocina slow food en una galería de arte de Chueca

Para su apartado de Agua ofrecen recetas formuladas con todo lo que nos ofrece el mar, de corte tradicional pero con algunos giros bien originales. Entre los indispensables están los Tacos de pulpo y aguacate con salsa de kimchi, muy suaves, las Vieiras a la plancha en cama de maíz y crema de mostaza verde o uno de los platos que triunfa en la carta (y no nos extraña nada): el Bacalao confitado con espinacas a la catalana y cremoso de piquillo y chorizo, un plato deslumbrante.

La Marchante, cocina slow food en una galería de arte de Chueca

Ya en el apartado de Aire tenemos dos excepcionales platos de arroz: el primero es un Carpaccio de gambas con arroz negro; y el segundo de Verduras con secreto ibérico, servido este último bien meloso con daditos de verdura y el secreto a la plancha. ¿Y en el de Fuego? En este último reinan las carnes y aves a la brasa. Entre ellas unas más sencillas como el Rib eye con patata ahumada, que es un suculento corte de carne acompañado de cremoso de setas y patata, o el Guiso de carrillera sous vide al vino tinto con crujiente de puerro. Hay también algunos básicos que gustarán a todos como los Canelones de pollo de corral acompañados de maíz de diferentes texturas y un toque picante, pero también propuestas más arriesgadas como la Presa Ibérica con adobo de chile ahumado que preparan con puré de calabaza, berenjena ahumada y ponzu de maracuyá. Este plato es mejor probarlo solo y después con la salsa, ya que cambia mucho su sabor.

La Marchante, cocina slow food en una galería de arte de Chueca

UNA SELECCIÓN DE VINOS MUY ESPECIAL

Para regar toda la comida tienen una carta de vinos bien seleccionados que ronda las 40-60 referencias, con al menos 16 denominaciones de origen españolas. Para los vinos blancos proponen Albariño, Rueda y otras denominaciones nacionales e internacionales, pero un acierto seguro siempre será su Godello. Para los tintos tenemos Ribera, Rioja y una recomendación que nos chivaron: Alta Vista Vive, un vino de origen argentino y uva Malbec. El mismo que usan para sus degustaciones de vino con maridaje y que sirven con una selección de quesos del país. Otras de las combinaciones que ofrecen es el Godelia Selección (Bierzo) con un Ceviche sobre lima, el Brancot Estate Letters (Nueva Zelanda) con el plato Mar y montaña de panceta y chipirón o un Scala Dei Negre (Priorat) con la Tosta manchega.

La Marchante, cocina slow food en una galería de arte de Chueca

EL POSTRE Y EL CÓCTEL QUE DICTAN LA SOBREMESA

Los amantes de los postres sencillos están de suerte: solo tienen cuatro postres y aunque todos vienen de recetas muy tradicionales, en realidad los han transformado en el punto y final más moderno que te puedas esperar. Si en la comida están varias personas lo ideal es pedir los cuatro y así probar un poco de todo. Tenemos por un lado el Texturas de chocolate; por otro una Tarta de queso que va entusiasmar a todos los fans de este bocado, aunque también aprueban con nota el Tiramisú o la Tarta de limón deconstruida.

La Marchante, cocina slow food en una galería de arte de Chueca

Para alargar las comidas y las cenas hasta el infinito han querido añadir a su oferta una carta de cócteles bien cargadita. Encontramos algunos como el Between the sheets (a base de ron, cognac, triple seco y zumo de limón), el clásico Daikiri, el Black Russian de vodka y licor café, la Caipiroska, el Cosmopolitan, un White Lady, Margarita, Old Fashioned o incluso un Irish coffee de whisky, café y nata perfecto para la media tarde. Todos sus licores, además, son premium.

La cosa no acaba aquí: hay que saber que al ser una cocina informal, puedes venir a comer a casi cualquier hora del día, y eso se agradece muchísimo. Empezando por el vermut y aperitivo típicos del almuerzo madrileño, pasando por un brunch bien contundente y sabroso. Eso sí, sea el momento del día que sea, siempre podemos acompañado con un cóctel. ¿Quién dijo que un trozo de bizcocho no bajase mejor con un Sex on the beach?

EL IMPRESCINDIBLE… El Bacalao confitado con espinacas a la catalana y cremoso de piquillo y chorizo, impresionante.

FÍJATE EN… Las obras que tengan en ese momento y también en toda su vajilla, ¡preciosa!

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