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El nuevo ‘Palentino’, el de siempre (como nunca)

Laura Sutil

Principios. De eso se trata todo en El Palentino. De los que tuvo y lo convirtieron en el mítico de Malasaña y de los que tiene hoy Narciso Bermejo, asesor del nuevo Palentino. Unos principios que le han hecho reiniciar este proyecto con una mirada nostálgica sobre el lugar que fue, pero también muy consciente de los cambios que requiere la reapertura de un sitio así en 2019. Así que sí, bienvenidos al bar de toda la vida pero, ojo, que nadie se espere encontrar aquí una recreación del bareto malasañero de antaño. Esto es un homenaje: aquí hay guiños al pasado pero con la mirada siempre puesta al frente. 

Cuando uno se acerca a esta mítica esquina de la calle Pez diría que pocas cosas han cambiado. Se ha mantenido la fachada y el logo -revisionado por el artista Juanjo López-. Dentro del local también encontramos recuerdos de lo que fue en forma de las fotografías que Jonás Bel hizo de Casto, Loli y de la tribu fiel que cada día bullía en el Palentino. Porque, tal y como anuncia el prestigioso barman, el Palentino era sus clientes y esa normalidad y cotidianeidad con la que se trataba a todo el mundo que se acodaba en su barra, fuese cual fuese su procedencia.

El nuevo 'Palentino', el de siempre, como nunca

Y ese sí que es un punto que Narciso quiere conservar intacto. Embarcado también en este proyecto está el empresario Martín Presumido, del grupo Mamá Chicó. Él fue quien se interesó por el local -en un momento en el que las grandes cadenas pugnaban por él- y después de tener en sus manos el proyecto, le ofreció a Bermejo que fuese su partner. Así, Martín y su grupo son los encargados de la propuesta gastro y, cómo no, el que fuese el impulsor de Macera se encarga de la carta líquida. Todos sus destilados artesanales se encuentran tras la barra, hoy situada en el lado opuesto, que ya son marca de la casa de Narciso (7 Craft Bar y Nada 365) y que están etiquetados en honor al mítico hostelero del Palentino. El zinc de la barra de entonces se cambia ahora por el mármol y los ventanales que había tras ella proyectan luz sobre las mesas en las que apetece sentarse a comer. En la planta baja otras cuantas mesitas por las que también se ven pasar sus raciones. 

TAPAS, RACIONES Y COPAS QUE SE REINVENTAN

Los fieles del Palentino de Casto acudían allí, entre otras razones, por los bajos precios que mantenía el local teniendo en cuenta su privilegiada ubicación en Malasaña. Las copas y las cañas desfilaban por el local y entre ellas, también sus archiconocidos pepitos de ternera, bocatas variados y algún que otro sándwich mixto. Hoy la oferta se ha ampliado y especializado, aunque sí, aquí siguen estando sus míticos bocatas de ternera. Eso sí, ahora la carne procede de la sierra y el pan se elabora a diario. 

También se sirven aquí algunos de los platos más representativos de la gastronomía de bar de siempre como son, por ejemplo, las Patatas bravas o las Rabas de calamar. También hay Huevos rotos, pero se acompañan de jamón ibérico o zamburiñas. No faltan la Ensaladilla rusa o los Callos a la madrileña que, cómo no, saben a pura tradición. Además, desde Mamá Chicó han querido traer al céntrico local unas cuantas propuestas marinas que bien merece la pena probar como, por ejemplo, los Chipirones de pota encebollados o los Calamares en su tinta. A su carta en papel se une además una propuesta que se escribe en los ventanales, otro de esos guiños que el malasañero de toda la vida reconoce al primer vistazo. Precisamente para ellos han dispuesto una oferta especial los martes y los jueves de 16 a 20h, una franja en la que se mantendrán los precios del antiguo Palentino. Un gesto poco rentable hoy pero que, sin embargo, Narciso quiere tener con sus feligreses.

El nuevo 'Palentino', el de siempre, como nunca

En lo que se refiere a los destilados, la fuente de inspiración de Bermejo está en su trayectoria y también en la tradición, lo que la gente demanda en una taberna de siempre. Así, dentro de su oferta encontramos, por ejemplo, un Pantera rosa con ginebra macerada con mora, frambuesa, arándanos, zumos de lima o frambuesa o un apetecible Benidorm 1983, consistente en Ron macerado con cítricos, zumo de limón, jengibre y crema de coco. Nombres que invitan a una sonrisa cómplice como El mondadientes, La pesada de tu amiga, El novio del pueblo o el Paluego son otros de los destilados especiales que pueden consumirse aquí. 

Y antes de disfrutar en su barra, como ya lo hicimos, una última anécdota para cerrar el círculo: el último día del antiguo Palentino, fue el propio Narciso quien le sujetó la puerta a Casto al entrar. Lo cuenta con los ojos brillantes y él, que fue de los que pasó muchas veladas en este rincón de la calle Pez, encuentra ahí la razón de ser para este proyecto. A los haters del nuevo Palentino les recomiendan que pasen por aquí y después, ya si eso, juzguen. Lo que sobra aquí es cariño, pasión por lo nuevo y lo antiguo y sobre todo, principios de esos que hacen grandes los proyectos. 

EL IMPRESCINDIBLE es, por supuesto, el Pepito de ternera. Poco tiene que ver con el antiguo pero contenta a los nostálgicos y supera las expectativas del resto.

FÍJATE EN… las fotografías que se disponen a lo largo del local y que nos muestran la vida del antiguo Palentino, al igual que las lámparas, que se han conservado. También en el cuadro de un mixto huevo que corona el espacio principal y que recrea lo que ocurría en la cocina de antaño. 

*Fotos: Paco Montanet

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