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‘La Embajada de Embajadores’, la segunda vida de un clásico

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Mucha atención a los que en medio de nuevas y modernas aperturas, buscan algo de autenticidad. A los que se les saltan las lágrimas con unos sencillos huevos fritos y también a quienes se pasarían horas acodados en la barra de un bar de esos de toda la vida. Un poco así es La Embajada de Embajadores que, después de un lavado de cara del local antiguo -hecho con mucho mimo y buen gusto, por cierto- trae a Lavapiés cocina 100% casera y tradicional a precios muy, muy populares; algo que siempre se agradece.

Andrea Pirastu y Marcelo Caschili son los dos socios italianos que están detrás de este proyecto. Ellos, que regentan el Aió en Malasaña, se lanzaron a darle brillo al antiguo Oss I cuando este mítico de la calle Embajadores cerró sus puertas. De él han conservado un espejo en tono sepia de esos que invitan al #selfiebar y también unos curiosos azulejos irisados detrás de la barra. Justo encima de ella, una llamativa cornisa de rollo setentero también sigue ahí, al igual que lo hacen el techo y el suelo de antaño. ¿El detalle más particular? El letrero del antiguo bar también permanece aquí. A un espacio ahora luminoso y bien mono, se suma su terraza, irresistible para el momento del aperitivo.

La Embajada de Embajadores, la segunda vida de un clásico

En su cocina abierta non stop podemos comer desde primera hora del día disfrutando de alguno de sus estupendos desayunos. Mucha atención a su Bacon con huevos a la plancha, que llega a la mesa acompañado de salchichas frescas y en una cantidad tan abundante que haría temblar (del gusto, por supuesto) a un fanático del american way of life. Sus Benedictinos también empiezan a hacerse un hueco en el corazón de la gente del barrio.

Si nos dejamos caer por La Embajada de Embajadores al mediodía, podemos elegir entre un Plato combinado, que sale con bebida y postre y funciona como una especie de menú del día o decidirnos entre sus Raciones y Bocatas. O, en el mejor de los casos, combinarlo todo. Importante probar la especialidad de la casa: el Bocadillo La Embajada, relleno de berenjena a la parmigiana con chorizo y el único guiño al origen de los propietarios que encontraremos en la carta. Todo lo demás es 100% spanish. Sí, de eso que podría salir de la cocina de tu abuela. Albóndigas con salsa de tomate o Calamares a la romana con alioli se emplatan en bandejas metálicas, que nos recuerdan todo lo que nos gustan los baretos de siempre. También ofrecen la sugerencia del chef: un plato de cocina tradicional que cambia cada día.

Todo ello puede acompañarse de cañas, vermut de grifo o, una de las especialidades de la casa, su sangría casera. Y ojo, que este es uno de los pocos locales de la zona que con nuestra consumición nos ofrece una tapa casera. Migas, Ragú de ternera, Oreja o Torreznos suelen estar entre las alternativas gratuitas de su barra. Una barra de toda la vida, por cierto, pero con la cara bien bonita. Una Embajada que abre sus puertas con ‘cambios’ muy bien hechos, de esos que conquistan al barrio.

La Embajada de Embajadores, la segunda vida de un clásico

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