‘El choco de Peñalaire’, el de siempre (como nunca) en Lavapiés
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En la calle Embajadores se sitúan algunos de los establecimientos más clásicos del barrio los domingos. El restaurante Peñalaire es el típico local que siempre tiene bullicio, cañas y tapas a sus puertas. Por eso, después del éxito en su formato habitual -a medio camino entre la taberna de siempre y una casa de comidas castiza-, nace El Choco de Peñalaire. Se trata de una ampliación del mismo establecimiento pero con una estética más cuidada y una carta que continúa mimando el recetario más clásico, eso sí para servirlo únicamente a la hora de la cena.
Mario Fernández está al frente de este proyecto, del que lleva mamando toda la vida -su familia regenta el mítico Peñalaire-. Así, ha cambiado su papel tras la primogénita barra por el ajetreo de última hora del salón renovado. Renovado pero con cabeza, eso sí. Aquí la filosofía se mantiene y, de hecho, la estética juega a intercalar elementos de bar de siempre con algo de mobiliario vintage, creando una atmósfera muy acogedora. En la carta de este restaurante, ideal para grupos, reina esta misma inspiración apegada a la taberna de toda la vida. Por eso, este espacio es ideal para ese público más joven y urbano que descubre el barrio -sobre todo los findes- y que no quiere renunciar a las tapas de toda la vida en un espacio más trendy.
Los Callos a la madrileña son, sin duda, el plato estrella de este local de la parte alta de Lavapiés. Se sirven en cazuelita de barro con una salsita con un toque picante muy apetecible, de esa que invita a mojar pan. Esta receta se sirve también en el restaurante original, al igual que el resto de opciones entre las que hay algunas alternativas vegetarianas / veganas. Si buscas algo más ligero puedes decantarte por su Ensalada de tomate con ventresca y pimiento rojo, un clásico de nuestra gastronomía preparado con productazo -los tomates saben a auténtico tomate-, que resulta ideal para compartir con amigos.
Y es que compartir todo lo que se sirve en la mesa es la idea inicial con la que surgió este proyecto. Destaca también el Entrecot de ternera trinchado con patatas y pimientos. Carne de primera calidad, hecha justo en su punto, que es un auténtico manjar para los carnívoros empedernidos (y para quienes no lo son también). Todo ello se riega en El Choco de Peñalaire con algunos de los vinos más destacados de diferentes denominaciones de origen del país. Después, una pequeña selección de postres muy caseros, de esos que nos hacen reencontrarnos de la mejor forma posible con los sabores de siempre. Y qué bien que aquí haya cosas que nunca cambian…