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‘Bang Cook Foundation’, la reinvención del street food tailandés

Laura Sutil

Bangkok es una de las capitales más bulliciosas del mundo. Un bullicio que se transforma en un magnético caos cuando uno prueba alguna de las delicias de la gastronomía local. Ese caos, en su forma más ordenada, es el concepto que rige en Bang Cook Foundation, el restaurante tailandés del barrio Salamanca que nos promete una suerte de experiencias que empiezan en el paladar y termina por dejarnos llevar al ritmo de la música en las veladas de los fines de semana. 

Bang Cook deja claras sus intenciones desde su propio nombre. No solo hace referencia a la capital del sudeste asiático en la que se basa su carta, sino que también nos habla de la explosión -de ese ‘bang’- que vamos a experimentar cuando nos sentemos a la mesa. El impacto llega también de la mano de una decoración que rompe con todos los clichés a los que nos tienen acostumbrados los tailandeses. En sus dos plantas no vemos presencia de Budas ni de templos; en su lugar una serie de elementos, neones y pinturas murales, verjas y taburetes que toman inspiración directa de un caótico callejón de Bangkok, tal y como nos cuenta Román Mosteiro, uno de los socios del grupo Silk, responsable del proyecto.

En este local del Paseo General Martínez Campos la idea es sencilla, según señala Mosteiro. Él mismo resume el impulso del proyecto con un lema sin complicaciones: ‘vivir una experiencia premium a un precio medium’. Dicho y hecho. Nos vamos a la mesa. 

TAILANDIA A LA MESA

Bang Cook Foundation, restaurante tailandés fusión en barrio Salamanca

Bang Cook es producto fresco y preparaciones canallas, dándole un giro de tuerca a la tradición tailandesa. De hecho, a la hora de elaborar la carta se tuvieron en cuenta tres aspectos fundamentales de la culinaria del país de la sonrisa. Por un lado, encontramos la cocina Royal Thai, la más purista y tradicional. Por otro, una parte más callejera que juguetea con la cocina internacional, tal y como ocurre en cualquier puesto de street food de las grandes urbes del país. Por último, han querido hacer un guiño a esa cocina artesanal, la que se hace en casa, la que pertenece a la parte más íntima de la vida de los tailandeses. 

Así, podemos elaborar un menú en el que se intercalen platos de estos tres ejes. Por ejemplo, uno de los entrantes que más sale en las comandas -y no nos extraña en absoluto-, son sus Brochetas Kai Satay, una personal versión de las míticas brochetas de pollo. Aquí adquieren forma de piruleta y se elaboran con el contramuslo del ave rebozado en sésamo blanco y negro con salsa Satay, hecha a partir de cacahuete, curry y leche de coco. Una salsa sencillamente deliciosa de la que nunca tendríamos suficiente. Para continuar, probamos su particular visión de los rollitos vietnamitas que, en la jerga de Bang Cook se convierten en Black and Roll o, lo que es lo mismo, unos rollitos de verduras envueltos en pasta de arroz y tinta de sepia con germinado de cilantro y salsa agreendulce -sí, tiene el color verde de la clorofila-.

Continuamos ya con un plato algo más contundente y, sobre todo, muy completo. El Bi Bim Bap coreano es una muestra de los viajes gastro que se pueden hacer desde las mesas de Bang Cook. Está preparado con arroz, carne guisada, huevo y diferentes verduras. Todo ello se aliña con una salsa especial que preparan aquí y que otorga un punto picante -sin ser excesivo- a este plato. Con el ligero toque picante en el paladar, es el momento de dar paso a uno de los emblemas de la gastronomía tailandesa: el curry rojo o Pannag Koong, una receta hecha con langostinos al curry rojo con leche de coco, albahaca y arroz. Para terminar con el banquete, imprescindible el Ped Crob, un pato deshuesado con parmentier de patata al kimchi y una suave salsa de tamarindo. Preparado al horno, consiguen que su textura sea crujiente por fuera y súper meloso por dentro. Y el toque de tamarindo es todo un acierto. 

Si pasamos a la parte dulce, aquí ganan los clásicos con pequeñas pinceladas de Asia. Por eso, podemos encontrar tarta de queso o brownie. Sin embargo, para completar esa experiencia premium de la que hablábamos al comienzo, merece la pena decidirse por la Matcha Passion, una tarta de bizcocho esponjoso con una cremosa capa de queso.

La carta líquida también adquiere protagonismo en Bang Cook. A su selección de vinos hay que sumar la carta de cócteles que llena de vida el local hasta la 01:30h. Además de los combinados más clásicos, en este restaurante han preparado cinco recetas de autor que son un guiño al país que sienta las bases de este negocio. Las veladas en este restaurante pueden cerrarse con las shishas que dan un ambiente underground y caótico pero, a la vez, totalmente magnético.

EL IMPRESCINDIBLE es el Ped Crob, uno de los patos al horno más deliciosos que hemos probado nunca. Primero, por el punto crujiente y suave de su carne y después por ese toque de tamarindo que en el paladar se mezcla con una cremosísima parmentier de patata. 

FÍJATE EN… la decoración del restaurante que se inspira en dos locales: el neoyorquino ‘Down Town’ y el londinense ‘Chotto Matte’. Presta atención al imponente mural de un tigre de cuatro ojos que preside la subida a la segunda planta. 

*Fotos: Paco Montanet

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