Restaurantes en Chamberí

Inicio / Restaurantes en Madrid / ‘Sala de Despiece’, el matadero de moda

‘Sala de Despiece’, el matadero de moda

Andrés Galisteo

Es real. Comer en la sala de despiece de un matadero es lo último en el barrio de Chamberí. Y no es cosa de locos; es lo más a nivel social, culinario y arquitectónico. Todo un logro que redefine el concepto del tapeo en barra tan de siempre en la calle Ponzano. Y aunque de bares ande sobrada (es la calle que mayor número de locales acoge en toda Europa) este en concreto se rodea de una rompedora y sorprendente puesta en escena. A frente del establecimiento Javier Bonet (Patrón de Lunares, en Mallorca) que nuevamente hace del producto la razón de ser del negocio, y lo demuestra exponiéndolo a modo de mercado de abastos, como si de una pescadería o carnicería se tratase. De ahí su interiorismo integrado por cámaras frigoríficas, cajas para el transporte de mercancía, garfios y balanzas en las que se pesa cada ración antes de ser servida. El concepto, obra del estudio OH LAB, homenajea a ese oficio maestro de carniceros y pescaderos y se adereza con la indumentaria del personal, ataviado con batas blancas.

Sala de despiece Madrid

Todo gira en torno a la barra en este local en el que no hay lugar a los rincones íntimos. Sobre ella se comparte pescados de todo tipo, marisco fresco (a tener en cuenta las gambas de Huelva y el pulpo a la chalada), con especial mención a sus mollejas con mostaza y ostras, y carnes de primera que tienen su máxima expresión en el chuletón en cenital (un carpaccio de lomo bajo) o el delicioso steak tartar servido en bandeja metálica, porque en un matadero tampoco hay lugar para la porcelana. Además de ensaladas, verduras y hortalizas (sensacional la patata asada con chimichurri, así como el ragú de setas), cuya variedad permanece siempre condicionada a los dictados de la temporada.

Cantidad en los platos, proceso de elaboración, precio y procedencia geográfica como exponente de la exquisita materia prima a lo largo y ancho del país se especifican en un inventario, a modo de carta, ideal para una comida informal entre amigos. Los platos se escriben a bolígrafo, eso siempre, porque la lista varía según disponibilidad en el mercado. Una nueva sorpresa asalta al cliente a la hora de elegir su comanda, que el personal registra a través de iPads y envía directamente a cocina para que todo esté listo antes de que uno dé dos sorbos a su copa de vino. O de su cerveza, que aquí se sirve de un genuino grifo de pared, creado ex profeso por Heineken para este local.

Sala de Despiece viene a poner un punto de innovación a un barrio castizo, y anima (más si cabe) una de las zonas más concurridas de la capital durante el fin de semana.

 

*fotos: Alber Sánchez

¿Te ha gustado?
¡Compártelo!
¡Valóralo!

¿ Recibes nuestra newsletter ?

No te pierdas nuestro boletín semanal de noticias para estar informado, antes que nadie, de las mejores promociones, eventos y novedades de Madrid. ¡Suscríbete!