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‘L’Artisan’, Francia y Japón en la calle del sabor

Andrés Galisteo

Ventura de la Vega, 15. O lo que es lo mismo, el ecuador de la que llaman ‘calle del Sabor’ por la cantidad de bares y restaurantes que se renuevan o abren sus puertas. Uno de estos es L’Artisan. No se ha instalado sin más en el barrio de las Letras, si no que lo ha hecho de manera rompedora poniendo sobre la mesa cocina ‘Furansu’, transcripción fonética  de france en japonés.

No hay fusión, pero el concepto resulta igualmente interesante. Por un lado se presentan recetas galas como las ensaladas, con fuerte presencia de queso roquefort, el magret de pato o los postres (gâteau au chocolat o crème brûlée). Por otro, aportaciones de la tradición japonesa, poco habituales algunas en España, con una pincelada de influencias latinas que trae su chef ecuatoriana Gisella Herrera. Croqueta de yuca con carne picada, ceviches, pez limón al ajillo y pez mantequilla asado al saikyo miso llaman la atención. Por encima de ellos destaca el futatsu no tororo maguro, una exótica presentación del sahimi de atún con okra y ñame rallado, y un assiette degustación de cinco best sellers: incluye el ceviche, tempura de sardina, ensalada de aguacate, house roll y ají no tataki (tartar de jurel con cebolleta, jengibre y berenjena).

L'Artisan Furansu Kitchen en el barrio de Las Letras

La ascendencia francesa y oriental detrás del negocio queda patente en algunos de los que lo forman, en especial Stephan Shoji, que hace las veces de maître y echa un cable también en la cocina. Junto a Gohei Kishi, Javier Alonso y Gisela Herrera, mezcla tradición y vanguardia de ambas culturas. Y el resultado es claramente innovador sin costar un ojo de la cara, incluido el menú diario, con los mismos toques culinarios puestos en platos diferentes a los de carta, por lo que es buena elección para probar nuevos retos.

Los más atrevidos, que no olviden probar un maridaje con su excelente selección de cinco sakes (alguno combinado en un mojito), sus cervezas belgas y japonesas, o sus vinos franceses mientras esperan los platos que salen de la cocina vista al fondo del restaurante. Los más románticos, que busquen mesa en la parte de abajo, un antiguo aljibe con hornacinas y mesas a media luz para vivir una experiencia gastronómica diferente.

*fotos: Victoria Verdier

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