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Desbloqueando ‘La Contraseña’ en Chamberí

Andrés Galisteo

Nada hace pensar que el pequeño local que se asoma al número 6 de la calle Ponzano esconde lo que esconde. Tras una entrada diminuta aparece un coqueto espacio con barra y mesas altas en el que maderas, pizarras y mimbres se combinan con mosaico hidráulico y espejos, y con el sabor de una rica variedad de pinchos de autor. Hasta aquí podríamos llegar, pensando que acabamos de descubrir otro bar de tapas más decorado de forma impecable y con un ambiente de lujo. Pero no. Este es solo el primero de una combinación casi secreta de espacios que van desembocando en otros cada vez más espectaculares. Todo lo que toca el arquitecto Álvaro Oliver Bultó y su crew se convierte en oro. Y La Contraseña no va a ser menos.

Tras un estrecho pasadizo se accede a una amplia sala de inspiración colonial que hace las veces de epicentro del restaurante. Sus múltiples ambientes (desde mesas para grupos hasta rincones más íntimos) acogen una carta mediterránea y dinámica de la que se responsabiliza el chef  Javier del Castillo. Se trata de un listado de platos muy bien pensado para un picoteo inicial, un plato individual y para volver a compartir los postres. La burrata sobre tartar de tomate, los rollitos de capón y las croquetas de carabineros podrían ser la primera parte; seguida de unos ligeros raviolis de pato y boletus con salsa de trufa, un tataki de atún con algas o un risotto mar y montaña. El toque dulce lo pone un divertido brownie presentado en forma de macetita, y unas sabrosas fresas estofadas con vainilla.

La Contraseña restaurante

Tanto si hace sol como si llueve, si es de día como de noche, el patio interior acristalado es la zona estrella de La Contraseña, y precede a lo que era una antigua vaquería de Chamberí, transformada ahora en un área un tanto más formal desde la que se divisa todo lo anterior entre alacenas que guardan antiguas cristalerías y vajillas familiares.

No hemos terminado. Seguimos descifrando un espacio que culmina en la planta superior con un gin bar que guarda hasta 16 referencias premium con sus correspondientes perfect serves. ¿Suficiente? Lo más exclusivo de La Contraseña está por llegar, su secreto mejor guardado, el que solo descubren unos pocos afortunados. El Escondido es un pequeño salón situado en el sótano, bajo la entrada desde la calle, que se reserva para un mínimo de ocho personas con menús cerrado. Peticiones fuera de carta, copas y tardes de póker se concentran en este recoveco clandestino para aquellos que quieran ver sin ser vistos.

Cinco espacios en uno. Una joyita en una calle castiza. Un intrigante restaurante y bar que nos tienta a descubrirlo poco a poco. ¿Te atreves?

*fotos: Alber Sánchez

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