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‘La Burlona Bar’, un restaurante que nos saca la sonrisa en Lavapiés

Laura Sutil

Hay lugares, igual que personas, con los que nos apetece pasar tiempo. En el caso de los bares y restaurantes, esto ocurre cuando pasamos por delante de uno de ellos y algo nos atrae tanto que nos hace entrar. Ésa es la primera toma de contacto con La Burlona, un bonito local ubicado en la calle Santa Isabel, en pleno Lavapiés. Su luminosidad, su ambiente y, por qué no decirlo, también su nombre, nos atrae. Después nos sentamos en alguna de las mesas altas y bajas (algunas de ellas literalmente asentadas en sus amplios ventanales) de esta taberna informal y esta magnética Burlona se ríe -en el mejor sentido posible- de los convencionalismos para darle una vuelta de tuerca bien sabrosa a platos de siempre. Así que le entramos en el juego y nos dejamos ganar.

Raúl Saldaña es quien pone el cariño y todo su empeño en que esta Burlona nos conquiste. Él, con amplia trayectoria en el mundo de la hostelería y propietario del popular Varsovia, en la zona de Malasaña, tenía claro por dónde quería que transitase La Burlona. Un bar de siempre que se instala en un edificio centenario protegido, del cual se han conservado detalles como el mosaico del suelo o las estilizadas columnas que se levantan en el centro. Nos cuenta también que aquí hubo un café teatro en algún momento de principios del siglo pasado y Saldaña ha querido sacarle brillo a todo, ponerlo bonito y potenciarlo con elementos tan castizos como una barra de acero inoxidable o el uso de la vajilla tipo Duralex para presentar sus platos. Además de estos detalles vintage, la luz es todo en La Burlona.

La Burlona, cocina tradicional renovada en Lavapiés

PLATOS DE SIEMPRE ELABORADOS COMO NUNCA

En el intento de su propietario por llevar todo al origen también está, como no podía ser de otra forma, la propuesta gastronómica de este local cercano al metro de Antón Martín. De la creación de estos platos se ha encargado Jorge Reina, chef ejecutivo de La Burlona, y un profesional con un amplio bagaje que incluye el trabajo mano a mano con grandes de la restauración como Quique Dacosta o Arzak. En solo 21 platos (y algunas aportaciones que se irán introduciendo en función de la temporada), este restaurante se da un paseo por lo mejor de nuestros bares y les busca las cosquillas.

Para comenzar, hay un imprescindible que sabe a norte y que es uno de esos aperitivos fresquitos que entra de maravilla cuando llega el verano. Se trata de su Sardina marinada con néctar de olivas, picatostes y cebollitas encurtidas. O, en palabras del propio Saldaña, una gilda deconstruida (y sí, la experiencia en boca es justo esa). Para quien quiera darse un capricho gastro con todas las letras, una de las propuestas más especiales de La Burlona son sus Ostras con bloody mary, un ejemplo de cómo el ‘canalleo’ puede sentar de maravilla a un gran producto. Siguiendo con los platos ligeros, sorprende su Gazpacho amarillo con atún rojo de Almadraba, una original versión de nuestro top veraniego que aquí se emulsiona con ají amarillo. Aquí La Burlona juega al despiste pero convence.

La Burlona, cocina tradicional renovada en Lavapiés

Si hablamos de los principales, entre sus best seller encontramos una personal versión de las clásicas Gambas al ajillo que se acompañan con un huevo frito e incorporan el puntito picante del kimchi. También dentro de las opciones más contundentes está su Arroz de trompeta de los muertos, con la intensidad de foie y una muy curiosa mezcla de texturas. Y para contentar todos los paladares, La Burlona cuenta con cuatro platos para veganos de entre los que destaca la Flor de calabacín rellena de patata revolcona que llega a la mesa con un emplatado de lo más original. Porque, puede que no lo hayamos dicho todavía, pero además de Burlona, esta vecina de Lavapiés es de lo más coqueta y sorprende con la estética de su propuesta gastro. Finalizamos en clave dulce con la Ganache de chocolate blanco y pasión, un postre fresco, ácido y dulce al mismo tiempo. Para regar la comida podemos elegir entre 31 referencias de vinos que proceden de pequeños productores y, en el caso de que lleguemos a la hora del aperitivo, toca echarle un ojo a su selección de vermús.

A La Burlona le acompaña un personal amabilísimo y una cocina abierta al público a la que uno se puede asomar para ver la magia detrás de esa ‘vuelta de tuerca’ a la tradición de la que siempre hablamos. Además de ellos, La Burlona no está sola. El Trilero es el noviete que se ha echado esta recién llegada al barrio. Una pareja que adquiere forma de club clandestino con cócteles de autor y música en directo y que se ubica en los bajos del establecimiento. Porque, burlonas y trileros, la picardía gastronómica también existe, es resultona y acaba de llegar al barrio.

EL IMPRESCINDIBLE es su Sardina marinada con néctar de olivas, picatostes y cebollitas encurtidas. Bien sea para tomar con un vermú a modo de aperitivo o para iniciar una buena comilona, debes incluirlo en tu comanda.

FÍJATE EN… las mesas que se instalan entre la ventana y la propia calle. Un trocito de terraza que, por méritos propios, resulta lo más cotizado del restaurante.

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