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‘Barbara Ann’, la rockera ‘foodie’ de las Salesas

Laura S. Lara

El título de una de las canciones más famosas de los Beach Boys sirve de pretexto para actualizar la noche madrileña de la mano de Barbara Ann, un refugio para noctámbulos y amantes del rock atemporal, el picoteo salvaje, los cócteles de autor… ¡y las sorpresas!

Ubicado en pleno barrio de las Salesas, el local que durante años ocupó el mítico Chatarra abre sus puertas a partir de las cinco de la tarde, reconvertido en la alternativa perfecta para disfrutar de unas copas en un entorno con marcado acento británico y reminiscencias musicales. Entre lámparas gigantescas, retratos de Blondie y David Bowie, cartas con forma de rayo y sugerentes neones que rezan ‘Let’s Dance’, Riccardo Boi da vida a una carta de cócteles que ya es la envidia de la zona.

CARTA LÍQUIDA

La carta de cócteles de Barbara Ann se mueve tan rápido como los acordes de un éxito del rock -cada tres meses hay cambios en ella-. Así, apoyándose en eso de ‘para gustos, sabores’, abre un abanico de posibilidades para el comensal. Hasta 17 propuestas mixológicas que van desde algunos emblemas de la coctelería tradicional hasta otras combinaciones que resultan sorprendentes y que dan buena cuenta de la amplia trayectoria del barman que rige la barra de este local de Alonso Martínez. 

Barbara Ann, restaurante y coctelería en el barrio de Las Salesas

Dentro de esos grandes clásicos de los que hablábamos, encontramos algunos como el Moscow Mule, con Vodka Grey Goose, Ginger Beer, lima y angostura, perfecto para los paladares que buscan sabores secos y amargos. Para los que se encuentren en el bando opuesto -aficionados a los sabores dulzones en la copa-, la elección más acertada es el Clover Club, una elegante mezcla servida en copa de cóctel que contiene Ginebra Bombay, zumo de limón, jarabe de frambuesa, azúcar, clara de huevo y se corona con una brocheta de frutos del bosque. También en la línea de los sabores más edulcorados encontramos el Glow, el cóctel con Amaretto que toda coctelería debe tener. Se prepara además con frambuesa, limón, azúcar y clara de huevo y llega a la mesa servido en un envase de vidrio hermético. 

EL SABOR DE UN GRAN AFTERWORK

Más allá de un local concebido para el momento afterwork, la parte gastronómica de Barbara Ann cobra un papel importante al final del día. En este espacio diáfano dividido en dos zonas –una barra retroiluminada con sillas altas para un picoteo rápido y un salón de mesa bajas con un largo sofá mostaza en una de las paredes– también se come. El chef Pepe Roch capitanea este proyecto después de haber dirigido la cocina de El Escondite de Villanueva y Casa Macareno y lo hace con especialidades de aquí y de allá, que dan la vuelta al mundo a través de una gran amalgama de sabores.

Barbara Ann, restaurante y coctelería en el barrio de Las Salesas

Por ejemplo, sorprende su Poke de salmón noruego con brotes y salsa hawaiana ahumado al momento. Este plato, tendencia en muchos de los places to be de la capital, tiene aquí un toque diferente gracias al ahumado y a esa salsa hawaiana de potente sabor a wasabi. También elaborado con salmón, encontramos su Nigiri de salmón noruego con mascarpone de trufa, ponzu y tartar de tomate, una curiosa forma de ‘mediterraneizar’ este símbolo de la cultura nipona. Si hablamos de los sabores de aquí; imprescindibles sus Patatas bravas coreanas con tajín y brasas, una versión tan picante -como altamente recomendable- de las bravas de siempre. Otro de los platos más frecuentes en las comandas es su Crunchy Raw Burger, un tartar de vacuno mecido por un pan de gamba. Continuando con esa parte más carnívora, hay dos grandes clásicos: el Pan bao de rabo de toro laqueado con salsa de kimchee y hierbabuena y sus Tacos de cochinita pibil con guacamango y mahonesa de chipotle. Para finalizar, el broche ideal para este apartado salado es su Falso a banda con carabineros y chipirones, puro sabor a la costa valenciana con ese toque rockero tan Barbara Ann. 

Pero aquí no acaba la cosa. Con cuidado de no desvelar la gran sorpresa de la noche, conviene estar atentos a los camareros/artistas de este bar con alma rockera. En cualquier momento alguno de ellos podría ponerse a cantar, bailar o tocar la guitarra encima de la barra o sentados en nuestra mesa.

EL IMPRESCINDIBLE es su Falso a banda con carabineros y chipirones, perfecto para sentir en el paladar el efecto de unas eternas vacaciones mediterráneas.

FÍJATE EN… la decoración de Barbara Ann, con un neón que invita al baile y unos retratos de artistas que hablan de lo mejor de la historia de la música. 

* Fotos Paco Montanet / Alfonso Ondarroa

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