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‘Bala Perdida Club’, la jarana nocturna se vive en un subsuelo de Atocha

Maria G. Aguado

#jaranaisallowed, bajo este lema abre Bala Perdida Club, la coctelería subterránea de Las chicas, los chicos y los maniquís, lo único que le faltaba a este restaurante inspirado en la Movida Madrileña para revivir de verdad las noches más locas de aquella década. Con una oferta de snacks y cócteles de autor, promete afterworks diferentes y diversión nocturna. Eso sí, arriba queda Loquillo y Alaska, aquí abajo mandan los Djs residentes y los invitados especiales.

Y es que, después de un tiempo olvidadas, las coctelerías vuelven a estar de moda, también porque las que hay lo están haciendo más que bien. Ambientes únicos, cócteles de autor y una propuesta divertida parece el mantra de las nuevas aperturas, y Bala Perdida lo cumple a rajatabla. Abre justo para recibir a los que empiezan la fiesta pronto o a los que salen de trabajar y quieren despejarse mientras se aflojan la corbata. Para éstos que además buscan calmar el gusanillo, tienen una carta de snacks con algunos de los hits del restaurante como las Esferificaciones de aceitunas gordal, un bocado que explota en la boca con todo el sabor original de esta aceituna; Turrones de foie al vinagre de Módena, Mini pizzas de parmesano y tomate, Pan de gambas picantes y los típicos aperitivos con una vuelta, como las almendras fritas con un toque curry, los cacahuetes con wasabi y las palomitas con frutos rojos. Un aperitivo previo a la cena que puedes acompañar de los cócteles creativos que sirven desde entonces hasta entrada la noche.

Bala Perdida Club. Coctelería en una cueva urbana de la calle AtochaCon los cócteles se recupera el hilo conductor del restaurante, el de la Movida. Y es que todos hacen referencia a alguna de sus canciones o sus personajes célebres. Destaca, por ejemplo, el Mari Carmen (ginebra, zumo de lima y toque de frutos rojos), el Eloise (ron, zumo de limón, zumo de piña, zumo de naranja, azúcar y granadina), o el Tiro Loco (tequila, jengibre, zumo de limón y zumo de naranja). Pero hay uno muy especial, el Miguel de Molina (vodka, champagne, cassis y maracuyá), y no solo porque este artista de la copla merezca un homenaje, sino porque según el historiador Manuel Francisco Reina, el cantante actuó precisamente en ese espacio durante la época franquista, cuando era un local clandestino muy conocido por el público gay de la época. Además tienen cócteles sin alcohol y puedes sugerirles alguna petición personal que, si la conocen, te hacen sin problema.

A la originalidad de la propuesta se suma que es un sitio que entra por los ojos (esto es responsabilidad de El Equipo Creativo y del estudio barcelonés El Gallinero). Ubicado en el subsuelo de la calle Atocha, bajo el Hotel Axel (que alberga el restaurante antes mencionado), en una cueva urbana de la que han conservado el ladrillo visto original. Pasado que se mezcla con el presente de unas luces de colores que anuncian que aquí la vida se vuelve canalla.

* Fotos Paco Montanet

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