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‘Trafalgar’, el bar de aire neoyorquino que conquista los días y las noches

Abraham Rivera

Amor por las cosas bien hechas y una barra donde acodarse: así comienza esta bonita historia. Trafalgar es el proyecto de Nacho Aparicio, David Yllera y Juan Tena; tres amigos que tienen especial querencia por los bares de toda la vida. Con esto en mente han transformado una antigua tasca de Chamberí, situada estratégicamente en el esquinazo de las calles Alburquerque y Trafalgar, en uno de esos bares en el que todos querríamos estar. Y que visto desde fuera, a escasos metros, quiere recordar al mítico cuadro de Edward Hopper, Nighthawks. Aunque aquí bien repleto de gente.

Trafalgar, el bar de aire neoyorquino que conquista los días y las noches de Chamberí

TAPAS CASTIZAS Y UNA BODEGA ENVIDIABLE

La idea inicial estaba clara. Los tres socios querían construir un bar en el que poder salir a beber a cualquier hora, acompañando todo ello con una gastronomía fácil de tomar. Comfort food de altura, que homenajea sin miedo a las tapas castizas que siempre debe tener una buena taberna. Sin embargo, con todo ello actualizado. Las bravas amilhojadas se las han traído de Mama Campo (que es otro de los conceptos culinarios que tienen en el barrio), las mollejas vienen con una salsa casera que les da un punch de alegría, la ensaladilla rusa es una revisión de la que se puede tomar en el Pipi de Zahara de los Atunes, la cheeseburguer mejora la del Burger —aquí con un esponjoso pan de brioche, su propia salsa de pepinillos y una carne bien hecha y crujiente—, al mixto de siempre le meten rúcula y lo alargan en un pan de sandwich infinito.

Trafalgar, el bar de aire neoyorquino que conquista los días y las noches de Chamberí

Y así con todo lo que hacen, incluidas las tapas que acompañan las bebidas. Es el caso de la sobrasada, embutida en un estómago de cerdo y que guarda todo el sabor de Mallorca. De todos modos, el beber, bien, rico y diverso, es su principal seña distintiva. ¿Un vermut? Tienen Cayetano del Pino, de Jerez, o Guerra, de León, entre otros. ¿Un espumoso? Cuentan con variedad de champagnes y cavas. ¿Cócteles? Le han dado un empujón a los clásicos de siempre y guardan hasta un Adonis en barrica. ¿Mezcales? También hay excelentes, como Alipús. ¿Vinos? Hasta setenta botellas de diversas denominaciones donde elegir. Suministrándoles se encuentra la selecta tienda del barrio Vino & Co, por lo que todo queda en casa. La cristalería es otro de esos aspectos que han querido cuidar, hay Riedel, por supuesto, y buenos vasos para cervezas (tienen toda la gama de artesanas de Mahou) y copas.

Trafalgar, el bar de aire neoyorquino que conquista los días y las noches de Chamberí

APERITIVO, TARDEO Y NOCHES DE COPAS

En definitiva, un concepto de bar que actualiza lo que ya conocíamos, con las ideas claras, y cuyo resultado es prácticamente perfecto. Lo mismo ocurre con su diseño de interiores y la enorme barra central, realizada por un grupo de metalistas de Tomelloso. Una obra de ingeniería ejecutada a lo largo de seis semanas, lo que sirve para ejemplificar la increíble dedicación y cariño que le ponen a todo. El tiempo que han tardado en hacer la reforma ha jugado a su favor, ayudando a que las diferentes piezas del bar se hayan ensamblado con increíble fluidez. A ese gran mostrador curvilíneo, que preside la parte central del local, le sigue una perfecta disposición de sofás corridos a lo largo de todas las paredes. Cómodos y alargados sillones que dan continuidad y movimiento a esta taberna del siglo XXI. 

Trafalgar, el bar de aire neoyorquino que conquista los días y las noches de Chamberí

Las luces y los amplios ventanales que se suceden en los muros hacen el resto. Lo mismo da un ambiente diurno que nocturno, Trafalgar es una ubicación ideal para el aperitivo, el tardeo o la nocturnidad más desmedida. Siempre con una puesta en escena que ayuda a que aquello en cualquier momento se transforme en la fiesta que nos gustaría realizar en el salón de nuestra casa. Un billar donde poder jugar, una pared repleta de innumerables botellas, un equipo de alta fidelidad iluminado, obras de arte prestadas por amigos (desde una de las pizarras del artista Alberto Guijarro hasta una instantánea del fotógrafo John Manson, con Naomi Campbell encendiéndose un cigarro rodeada de incondicionales). Los colores ocres, el barro, el metal y el negro terminan por definir el increíble atractivo que irradia la arquitectura del espacio. No hay plantas, curiosamente, y no se las echa de menos. Ya deberíamos ir bien acompañados.

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