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‘La Eriza’, un templo para bibliófilos en Malasaña

María Arranz

La Eriza es uno de los lugares más especiales de Madrid. Este taller de encuadernación artesanal ubicado en pleno barrio de Malasaña y regentado por Óscar Sánchez, encuadernador profesional, acaba de cumplir 10 años de vida. A pesar de definirse como taller de encuadernación, que es su labor principal, La Eriza trata de ser un espacio lo más versátil posible. Allí también restauran y crean objetos de todo tipo –desde cajas a álbumes o invitaciones–, todo de forma artesanal, lo que hace que cada pieza sea inevitablemente única. Colaboran frecuentemente con artistas, por lo que sus libros objeto se convierten en terreno abonado para desplegar toda su creatividad y dejar volar la imaginación.

Una de las cosas que más llaman la atención al entrar en el local, ubicado en el número 15 de la calle Colón, es su decoración, creada por Dean Claydon, un artista inglés afincado en Madrid y uno de los pilares fundamentales de La Eriza. Sus paredes de color amarillo pintadas a mano, sus techos rosas, sus columnas y sus muebles y suelos de madera confieren al espacio una atmósfera muy especial, como 20151001-La Erizasacada de otra época. La joya de la tienda es, sin duda, la lámpara hecha con erizos de mar, que en parte, da nombre a la tienda. Todo el local está lleno de los erizos que Óscar había ido coleccionando de forma inconsciente y también de los que le va regalando la gente, además de otros tantos objetos peculiares, cada uno con una historia que contar. La sugerencia de tener un erizo como logotipo vino del artista que creó el espacio principal, ya que buscaban un nombre atractivo no necesariamente relacionado con el mundo de la encuadernación, puesto que La Eriza abarca muchos más aspectos del libro y va más allá de su construcción o elaboración artesanal. Y así, un día jugando a cambiarle el género a las distintas opciones de nombre que tenían, surgió La Eriza. ‘¿Es que acaso no hay erizas? –se preguntó Óscar– ¡Pues ahora si!’.

Además de Óscar, La Eriza es un compendio de proveedores, colaboradores y “erizos satélites” (como los denomina él) que colaboran de una forma u otra en el proyecto. El equipo en el taller varía según la cantidad y el tipo de trabajo y para algunos eventos también colabora con un comisario. Además, trabaja con mucha gente fuera del taller, que pasa a formar parte de la familia flexible de La Eriza.

Aparte de ser un templo para bibliófilos y amantes de la encuadernación, La Eriza también acoge habitualmente exposiciones de proyectos en papel. Para Óscar, el papel actúa como nexo entre lo que él hace en La Eriza como encuadernador y lo que otras personas hacen creativamente en otros campos como la pintura, el dibujo o la fotografía.

Los diez años que lleva abierto La Eriza han dado para mucho y están llenos de historias y anécdotas. Para empezar, la reacción del público en general cuando entran en el espacio por primera vez, una mezcla entre alucinación y curiosidad. También el haber restaurado una buena cantidad de libros de lo más peculiares, como una extraña edición del Quijote tan compactada en un pequeño volumen que hacía que todo el texto estuviera reducido a un tamaño de prospecto de jarabe; ‘era como restaurar un libro imposible de leer, había algo intrínsecamente contradictorio en todo ello’ –recuerda Óscar. También ha creado objetos únicos y ha trabajado para el mundo del cine, algo que le parece muy divertido y para lo que le hacen encargos de lo más locos, como la ‘falsificación’ de documentos oficiales para una película de estafadores. Y por supuesto, Óscar recuerda con mucho cariño la cara de felicidad de la gente cuando recogen un encargo. ‘Trabajar en esto es un privilegio para ver hasta dónde llega la imaginación en muchos casos’.

Para celebrar el décimo aniversario, organizaron una fiesta a mediados del mes de septiembre que fue un auténtico éxito y que supuso una enorme inyección de ánimo y confianza para saber que están haciendo las cosas bien. La temporada de exposiciones se ha planteado como una serie de intervenciones de comisarios –en lugar de artistas– que ha arrancado con un proyecto de Bernardo Sopelana. A partir de aquí, Óscar tiene muy claro que continuará con su labor al frente de La Eriza para poder celebrar otros diez años más. ¡Que así sea!

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* Fotos: Álvaro de la Fuente

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