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‘Peko Peko’, baos y street food en el corazón de Chueca

Maria G. Aguado

‘Rugir de tripas’, eso es exactamente lo que significa Peko Peko, y Rocío Persson, su creadora, lo sabe bien. Esta intérprete de japonés, pasó largas temporadas de su vida en el país nipón, donde vivía con una familia nativa. En sus fogones aprendió a amar la tradición, en la Tokio Sushi Academy estudió la técnica y en sus calles se empapó de la oferta gastronómica de street food. De este mix surgió su nuevo restaurante en Chueca, donde los baos son los protagonistas, pero no las únicas estrellas; su cuidada carta guarda muchas más sorpresas salidas de la imaginación viajera de Rocío.

PEKO PEKO Nippon baodog

Y es que, aunque Japón es su máxima inspiración, ésta se complementa con las cocinas de Corea, China Tailandia y Filipinas – de donde procede buena parte de su equipo de cocina- para crear platos sorprendentes, mezcla de tradición e innovación hechos de inicio a fin en el restaurante, desde el pan bao hasta las salsas. Porque en Peko Peko se sirve fast food –la callejera asiática– pero con una preparación muy elaborada. O como ellos dicen, sirven ‘slow food for fast people‘. Y si de comida rápida asiática estamos hablando, hay que hablar inevitablemente de los baos. Estos bocados de pan al vapor rellenos de una explosión de sabor son los reyes de su restaurante y hay que decir que lo laborioso llega hasta el punto de cocinar el pan bao en las vaporeras de bambú tradicionales y no en un recipiente contemporáneo. Entre los imprescindibles, el Angry Bird Bao, un filete de pollo con aceite chili, zanahoria en vinagre, daikon, pepinillo y mayonesa Kewpi que gustará a los amantes de los contrastes: pollo sabroso ligeramente picante, verduras crujientes y el toque encurtido; el Piggy Bao es el conocido bao relleno de panceta hecha a baja temperatura, pero con un añadido inesperado, la pera china; o el Nippon Baodog, una particular versión del perrito caliente, con salchicha ahumada, toppings de verduras, salsa okonomiyaki y copos de bonito katsuoushi.

Pero hay vida más allá de estos reyes de pan. Las dos variedades de dumplings son perfectas para compartir, tanto las ya famosas Gyozilla –unas gyozas crujientes de carne con salsa roja– como los crujientes Puros de Fu Manchú –unos wonton de verduras salteadas con toque de jengibre–. Al igual sus adaptaciones de recetas asiáticas que progresivamente van sumando a su carta. En este sentido, son obligados el Lechón Kawali, un popular plato filipino con unos crujientes y jugosos torreznos, que se hacen acompañar de salsa agripicante (para mojar) y ensalada de kaki encurtido; el Cheek Kilawin -otra maravilla-, que nos obliga a hacer nuestros propios tacos con filetes de carrillera de cerdo a baja temperatura, vinagre de coco y soja y tortillitas caseras; o las Chili Crab Korokke, unas cremosas croquetas de cangrejo japonesas.

RAMEN, EL PLATO EMBLEMA

PEKO PEKO Thai curry ramenPero si hay un plato con el que Peko Peko despierta de verdad la gusa de los aficionados a la cocina asiática en Madrid ese es su Thai Curry Ramen, una sopa de curry khao soi con tiras de pollo y fideos ramen japoneses con un toque picante. Casi el plato emblema del restaurante, que ha motivado a la inclusión de una versión más potente para los que de verdad gustan del picante, el Chongquing Ramen, elaborado con caldo de especias picantes a base de guindilla y pimienta de sichuan, bok choi y huevo. Por no hablar, de la versión XL de estos platos motivadas por los habituales del restaurante que quieren hacer de los ramen de Rocío un menú de plato único… En todo caso, como hará falta calmar el paladar, el equipo de Peko Peko ha creado su propia cerveza artesanal (el mejor apagafuegos para la boca), Biiru, que va a ser una aliada excepcional para degustar sus platos.

Y atención a los postres; la opción más ligera es el helado de té verde casero con galletas, la de los golosos el Bollibao, un bao frito relleno de helado de vainilla, chocolate y crocanti. Hay que estar preparado y con un buen hueco en el estómago.

Peko Peko es tan minimalista como acogedor. Entre sus mesas sencillas de madera clara y los marcos de color amarillo, destaca un mural pintado por la ilustradora Natalia Robledo que invita a disfrutar con las manos de una suculenta comida, y un enorme dragón que anuncia que aquí se cuece algo potente.

* Fotos Alfonso Ondarroa / Paco Montanet

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