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‘Café del Nuncio’, cocina de producto en un local centenario

Maria G. Aguado

Tiene 140 años y sus paredes han visto y escuchado a lo más granado de la sociedad madrileña, conversando como se hacía en los cafés por aquel entonces. El Café del Nuncio es uno de esos lugares históricos de Madrid y ahora vive un nuevo renacer gracias a Carlos y Lucía Zamora (del grupo Deluz & Cía), que en su búsqueda de locales míticos de Madrid que conservar, han dado con el; le han montado una carta de lo más atractiva, de producto, y le han dado un aspecto de café de barrio pero cómodo y castizo.

En la carta del nuevo Café del Nuncio, platos sin grandes rimbombancias; ya se sabe que este grupo se entrega por entero al producto y luego le da un cocinado atractivo, pero nada ostentoso. Muestra de ello son los Tomates rebeldes, un plato de tomate del bueno cortado como prefieras y acompañado de 12 aderezos (aguacate, queso, piñones, mango, maracuyá…). Una estrella entre los entrantes. Fresco como el Salpicón tropical que hacen a base de pulpo, rape, aguacate, tomate, mango, papaya y cilantro. Ya en caliente, hay que pedir el Pulpo fino de Cedeira, un pulpo laminado finísimo sobre una cama de lonchas de calabacín, también muy finas, y coronado por queso Parmesano fundido.

Café del Nuncio | Restaurante de producto en el Madrid de los AustriasEntrando ya en materia, tienen un Rape negro con ajada de pimentón ecológico (ya se sabe de su gusto por esta característica) y puré de patata, un Pollo en pepitoria que habla a gritos de tradición, hecho como toda la vida, con ese guiso de almendras y con patatas, como debe ser. Y dos platos de ternera, la asada y otra en taquitos, que de nuevo hacen alarde de buen producto, pues es carne de la cooperativa Siete Valles de Montaña, la primera cooperativa de ganaderos ecológicos de Cantabria.

Dedican un apartado especial a sus verduras, ecológicas y bien sabrosas, hechas en diferentes elaboraciones, como las Zanahorias al estilo de Barbate, la Remolacha crujiente o los Espárragos verdes con crujiente de avellanas, entre otras. Y otro a las chacinas, algunas ecológicas también y todas seleccionadas entre los mejores productos.

Ojo a los postres, no hay que saltárselos. Tienen una Cookie caliente y blandita (así lo pone en carta) que, efectivamente, sirven en una sartén caliente y se presta a comer con cuchara, blandita, con sabor a mantequilla y a chocolate, y acompañada con una bola de helado de leche fresca. La Crema catalana, más tradición y respetando la receta original. Y la Tarta de zanahoria, auténtica pero servida en copa de Martini. Y hablando de copas, cuentan con una carta de cócteles clásicos como el Margarita, el Bloody Mary al estilo calabrés o el Mojito, otros hechos con cava y los Fizz de ginebra, vodka y orujo eco.

Si la cocina no tiene artificios, el local tampoco. El Café del Nuncio es un sitio acogedor, muy castizo, pero en formato café, no tasca. Es agradable, sencillo. Mesas que recuerdan a las del colegio, con cómodos sofás y sillas de madera, paredes blancas y azules de las que cuelgan cuadros costumbristas pero actuales, y espejos de diseño con gusto retro. Música en el interior y gusto a los Austrias en su terraza.

Y siempre buen producto. Eso es lo principal, al servicio de elaboraciones sencillas, que no simples, pues el mimo está presente. Los cortes finos, esas cocciones justas y ese buen gusto en la creación de los paltos lo dice todo de un café que, más de un siglo despues, sigue siendo el café de la Travesía del Nuncio.

*Fotos: Paco Montanet.

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