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‘Irreale’, solo cerveza artesanal

Martín López

Los verdaderos amantes de la cerveza lo saben bien: la calidad, la textura y los matices de la cerveza artesanal no pueden compararse con los de la producida de forma industrial. Agua, malta, lúpulo y levadura son los componentes de ambas, aunque la primera aboga por el sistema de fabricación tradicional (sin aditivos ni conservantes artificiales), al que cada productor aplica su propia receta y estilo, lo que da lugar a una extensa gama de tipos, sabores, colores, aromas… Es una cultura de la cerveza, muy afianzada en países como Canadá, Italia o Alemania, que entienden la birra como un producto para degustar, para disfrutar de todas sus propiedades y cualidades. Y, aunque en España aún está en ciernes, cada vez son más los productores, tiendas y bares consagrados a ella.

Como es el caso de Irreale, en el barrio de Malasaña, uno de los primeros bares de la capital dedicado en exclusiva a la cerveza de tipo artesanal, hasta el que sus responsables han traído algunas de las mejores birras producidas en cervecerías artesanales y micro-fábricas de todo el mundo. Cervezas alemanas, belgas, italianas, americanas, noruegas o españolas; desde la clásica de trigo, las negras estilo porter o scout, hasta auténticas joyas llegadas de monasterios de Bélgica, elaboradas según las recetas centenarias de los monjes trapenses. Un espacio ideado tanto para aficionados como para los que buscan iniciarse en su consumo, que van a encontrar tras la barra a expertos cerveceros que lo mismo te explican el origen y las particularidades de cada una de ellas, que te sugieren cuál tomar en función de las que fueron tus últimas elecciones.

Cervecería Irreale, solo cerveza artesanal

El local tiene cierto regusto clásico, como de taberna del s.XIX, con su amplia barra de madera, paredes de ladrillo visto, columnas de hierro… No falta, eso sí, una pizarra a la entrada donde se indica las cervezas que ese día han ‘pinchado’ en los nueve grifos (con 12 tiradores) de la barra. Tienen más de una veintena de barriles que van rotando de forma aleatoria, consiguiendo que el público encuentre una oferta distinta en cada visita y se anime a descubrir otras versiones. Y por si fuera poco, una carta de botellas con más de 60 referencias.

Y para rebajar los efectos canábicos del lúpulo (la proporción en la cerveza artesanal es mayor que en la convencional), una sencilla pero ingeniosa carta de tapas y raciones, como ensaladilla rusa blanca con salsa de remolacha, fingers de pollo al lúpulo, croquetas caseras o salchichas alemanas. Aperitivos que animan a tomar en su planta baja y que explican también el trasiego continuo de público que tiene lugar en el local. Da igual que sea de día que de noche, cualquier ocasión es buena para rendir culto a la cerveza.

*fotos: Alfonso Ondarroa

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