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‘Nudista’, la taberna de las conservas

Martín López

No es el primer bar especializado en conservas de la capital, pero sí el que se presenta con un concepto y discurso más definido e innovador. Y es que su responsable, Micky Irisarri (un ejecutivo de televisión que ha emprendido con este proyecto un nuevo rumbo en su trayectoria) ha dedicado mucho tiempo y estudio para la creación de Conservas Nudista, un singular proyecto que comprende desde el envasado en exclusiva para su marca de conservas pertenecientes a pequeños productores de todo el territorio nacional –ninguno de ellos puede encontrarse en los lineales de grandes superficies ni supermercados– hasta la puesta en marcha de una primera tasca-colmado en Chamberí donde únicamente se sirven platos elaborados con esas conservas. Y decimos primera, porque dado el éxito de este primer establecimiento, Conservas Nudista ya tiene su réplica en otra de las zonas más frecuentadas por los madrileños más hedonistas, el barrio de Chueca

Ambos locales comparten un aspecto contemporáneo (ha conseguido un look muy diáfano y pulcro gracias a un sabio empleo de azulejos blancos, madera clara y grandes pero sencillas lámparas de bola de cristal) pero filosofía tradicional en el que, como en los colmados de antaño, es posible adquirir tarros y latas de todo tipo, eso sí, con un cuidado y elegante packaging, firma del estudio erretres. En el de Chueca, además, la cocina -por llamarle de alguna manera, porque aquí ningún producto pasa ni por el fuego ni por el horno- se mantiene a la vista del cliente, de manera que puede ver en todo momento cómo se combinan productos de distintos tarros y latas que dan como resultado platos deslumbrantes. 

Nudista, las conservas al desnudo

PRODUCTOS EXCELENTES = PLATOS REDONDOS

Parte de la labor de Irisarri es demostrar que los productos en conserva mantienen todas las virtudes y beneficios de los productos al natural, al igual que las vitaminas y componentes que aportan al organismo. Más aún cuando estos proceden de conserveras familiares que trabajan con materias primas de primera calidad como marisco gallego, verduras de Navarra, legumbres de León, atún de Almadraba o callos elaborados -como no podía ser de otra forma- en Madrid. Su despensa incluye hasta huevos poché que, después de ser calentados menos de un minuto en el microondas, presentan mismo sabor y textura al del huevo cocido por el método tradicional. Después basta con añadirle un bote de pisto para dar forma a uno de sus platos más redondos.

Pero no es el único. Entre las recomendaciones de la casa,  son imprescindibles los puerros con sal Maldon y aceite -el mejor ejemplo de la excelencia que puede alcanzar el producto sin ropaje-, los pimientos de piquillo con bonito (o anchoas), las alcachofas con berberechos o los garbanzos con bacalao y piparras, una versión conservera y en frío del tradicional cocido. Su propuesta inicial, que en principio se basaba solo en platos fríos, tostas y bocatas, ha ido creciendo paulatinamente con el descubrimiento de originales y audaces proveedores que suman nuevos productos al catálogo de enlatados. Es el caso del suculento rabo de toro que  Micky adquiere a un pequeño empresario navarro, gracias al cual elabora un más que resultón plato de pochas con rabo de toro. O la fabada asturiana, también adquirida a una pequeña conservera asturiana, de la que nadie diría, después de tomar las primeras cucharadas, que ha salido de una lata.

De Asturias llega también una de las mejores sugerencias para el postre, un logradísimo arroz con leche que podemos tomar directamente del tarro en el que viene envasado. Aunque los más dulceros van a disfrutar también de lo lindo con las tartas de chocolate o de queso, las únicas propuestas de la casa que se sirven directamente en una lata.

Para acompañar las viandas qué mejor que una cerveza de grifo, tirada como mandan los cánones; aunque también contamos con una pequeña carta de vinos y, por supuesto, vermut, que por algo estamos en un espacio de espíritu tabernero. Un espíritu que, por otra parte, explica la política de contención de precios de la casa y la amabilidad del servicio que, desde que entramos por la puerta, nos hace sentir como en casa. Lo que se dice un bar de barrio de toda la vida pero en el que mandan las conservas, el producto sin ropajes.

*Fotos: Alfonso Ondarroa

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