Namit GastrobarDentro del amplio abanico de posibilidades culinarias con las que está presente la cocina oriental en Madrid, la filipina es prácticamente inexistente. A excepción de Nàmit Gastrobar, uno de los pocos referentes en este tipo de gastronomía, donde sus especialidades comparten carta con algunos platos de origen tailandés y malasio, y con otros más castizos y mediterráneos. Pero que nadie espere encontrar un ambiente de estética colonial; su rollo es más bien hippie chic actual, y está en el barrio de Chamberí.

Entre butacas de terciopelo de colores vivos y puertas antiguas reconvertidas en mesas, la hostelera Inés Lamata -nacida en Filipinas- trae hasta Madrid los sabores de su infancia. Sabores que, por cierto, tienen mucho de la cocina tradicional española: predominan las carnes de cerdo, de pollo y los adobos, además de las verduras frescas, que se combinan con otros ingredientes exóticos, como limoncillo, gengibre o el abundante azúcar de caña. Y, a diferencia de otras cocinas orientales, en esta no predominan los sabores especiados, ni el exceso de picante.

Namit Gastrobar

Auténtico Pancit Langlang.

En Nàmit Gastrobar se cocina al estilo de la isla Negros, donde Lamata vivió hasta los 19 años. El resultado son platos autóctonos como un jugoso sisig inasal de pollo marinado (más ligero que la versión que se hace con carne de cerdo) y cocinado a la piedra, con soja, azúcar de caña, guindillas y, arriba del todo, un huevo frito. O como el pancit langlang, ligeros fideos de arroz con pollo, gambas y torreznos por encima. Y, cómo no, rollitos; los de Námit son de carne o de vegetales cocinados al dente.

Durante el mediodía, tanto el salón principal como la terraza a pie de calle se convierten en punto de encuentro de vecinos y trabajadores de la zona, que acuden atraídos por su menú del día y por el menú ejecutivo. Mientras que por las noches, con una iluminación más sofisticada y tenue, es el turno de las parejas y las cenas íntimas. Ésta es también la hora de las copas y los cócteles con marcado acento peruano, el de su coctelero, que prepara un potente Pisco Sour y otras propuestas menos conocidas, como el Peruano Flip, un cóctel nutritivo y digestivo a base de crema de licor de orujo, pisco, crema de leche y yema de huevo, cuyo toque dulzón permite tomarlo como postre. Y todo está a pedir de boca. No podía ser de otra manera en un restaurante cuyo nombre, en dialecto filipino (ilongo) significa “delicioso”.

Platos 4,50 – 14,50€ / Cócteles 7€

Lunes y martes, de 09 a 00h. De miércoles a domingo, de 09 a 02h. 

Rubén Darío / Gregorio Marañón

*Fotos Juan David Fuertes

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