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Cocina tradicional andaluza, que presta una encomiable atención al producto, pero abierta a la vanguardia, a la creatividad y a las influencias foráneas. Así, en pocas palabras, podríamos resumir la culinaria que practica Alejandro Alcántara en su primer restaurante en Madrid, Bache. Un espacio que, de forma discreta, sin hacer ruido excesivo, se ha ganado el favor de un cliente fiel y entusiasta que valora, por encima de fórmulas y escenarios, la posesión de un estilo propio y el poder disfrutar de una oferta genuina a precios más que razonables. Con esta situación lo fácil hubiera sido relajarse y disfrutar plácidamente del éxito, pero un cocinero inquieto y con ambiciones siempre está planteándose nuevos retos, y no sólo en el apartado creativo, pues en la ubicación de su segundo restaurante, el chef gaditano debe conquistar a un público distinto, el que habitualmente se mueve por Pintor Rosales. Una zona en la que durante el día abundan oficinistas en búsqueda de menú del día a precios moderados y ejecutivos partidarios de restaurantes discretos y de calidad donde quedar bien en las inevitables comidas de negocios, pero que, llegada la noche y el fin de semana, son reemplazados por parejas y familias del barrio que exigen lugares apacibles y que posean además cierto interés culinario.

cheek-by-bache-biquini-de-chicharronesTeniendo (muy) en cuenta estos condicionantes, así como las peculiaridades del local –distribuido en dos plantas, con cocina en la planta baja y amplio ventanal en la superior–, Alcántara ha creado una versión más funcional de Bache, pero que igualmente le permite hacer gala de su refinada cocina de base andaluza. Primero, con los platos que ha traído de su primer restaurante, como ese estimulante sándwich japocubano, la ensaladilla rusa con carabineros (en Bache se elabora con buey de mar) o el curry con cazón, tres propuestas de garantía para seducir a los que se estrenan en ‘territorio Alcántara’. Y después con las nuevas propuestas que ha ideado para esta segunda sede, como un sutil pero delicioso bacalao à Brás, un irresistible ceviche con corvina y fruta de la pasión, o el bikini de chicharrones con queso y trufa, su particular versión del ‘bocata del colegio’ que tomaba cuando era pequeño.

Ya en el apartado estético, tanto la estructura del restaurante como su decoración, evidencian un pasado como restaurante chic que no llegó a cuajar en el Paseo. Una etapa que su nuevo inquilino no quiere ocultar; es más, ha mantenido parte del nombre, Cheek, por aquello de preservar su actitud de atrevimiento en un zona donde impera lo convencional. Tras un pequeño lavado de cara ha conseguido crear dos ambientes distintos: la zona de barra, que se muestra luminosa y apetecible tras una cristalera, es ahora aun espacio destinado a las comidas informales (aquí se estila el formato ‘plato del día), las copas afterwork (razón por la que conserva su aspecto de salón British) o after dinner. Y al fondo, un comedor más tranquilo, dividido en dos salones, uno con look más bohemio y otro con aspecto más rústico. Ambos -como decíamos- escenarios perfectos para las comidas formales de laborables, pero también para las cenas distendidas y relajadas de las noches; y más si coinciden con algunos de los conciertos de guitarra o sesiones de DJ que se esperan en la sala. Por si fuera poco, a pie de calle cuenta con una recoleta terraza climatizada que se despliega en cuanto llega el buen tiempo y que le permite competir en igualdad de condiciones con el resto de restaurantes que salpican la calle. Es, como se puede ver, un lugar con personalidad propia donde se mezcla el casticismo de las casas de comidas andaluzas con la sofisticación de los afterworks de la capital.

No se puede pasar por alto su bodega, en la que han pretendido desmarcarse de lo habitual, con etiquetas originales de pequeñas bodegas nacionales y una importante presencia de los vinos de la tierra del patrón, Cádiz: finos, manzanillas y algún oloroso seductor para ir poco a poco ‘educando al público’. Caldos que entran, y muy bien, con los platillos que figuran en su ‘carta de tarde’ –jamón, queso pajarete, mojada– y que hacen de Cheek un espacio recomendable para cualquier hora del día. Con toda seguridad, el objetivo que su responsable pretendía.

Precio medio a la carta 25-30€; plato del día, 8€; copas, 8-12€

De lunes a domingo de 12 a 02h

Ventura Rodríguez

91 294 08 08

* Fotos Alfonso Ondarroa

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