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‘Patialegre’ es una expresión que, en Colombia y algunos otros lugares de Latinoamérica, suelen utilizar las madres para referirse a alguien –con frecuencia a sus propios hijos– al que le gusta mucho la fiesta y apenas para por casa. Aquí, además, ‘patialegre’ también es sinónimo de objetos ilustrados para el hogar llenos de color y alegría, o lo que es lo mismo, la marca detrás de la cual se encuentra Valentina Ibanez, una artista colombiana residente en Madrid que decidió ponerle ese nombre a su proyecto porque le pareció ‘una palabra graciosa, llena de herencia cultural y de doble significado’.

Comenzó vendiendo cojines y fundas serigrafiadas poco después de graduarse en Bellas Artes, porque ‘le gustaba la idea de que pudieras llevarte a Patialegre a la cama’, y a partir de entonces, realizó diferentes cursos y talleres en ciudades como Bogotá, Buenos Aires, Valencia y Madrid, en los que aprendió técnicas de pintura textil, serigrafía, costura, ilustración de personajes, fotografía, encuadernación, diseño textil y cerámica, lo que le permitió tener trabajos muy diversos y aprender un poco de todo, y también enseñar, ya que fue profesora en la facultad de Artes de la UIS en Colombia.

patialegre_2Valentina siempre soñó con tener su propia marca de objetos ilustrados y, además de las fundas y cojines con los que se dio a conocer, también realizaba ceniceros, macetas y bandejas pintadas a mano que regalaba a sus amigos o que éstos le encargaban directamente. Después de la serigrafía en tela, vino su pasión por la cerámica, cuando empezó a preocuparse por la perdurabilidad de los materiales –en este sentido, la cerámica resiste como pocos el paso del tiempo y conserva las formas y las imágenes de manera rotunda– y comenzó a diseñar también platos y pequeños amuletos. La curiosidad y el Do It Yourself son parte del espíritu de Patialegre, ya que Valentina está constantemente experimentando con diferentes materiales y colores. Todos los procesos que utiliza son completamente artesanales y huye de todo lo que esté producido en serie, por lo que se esfuerza en encontrar materiales y técnicas cada vez más complejas, que hagan de una pieza algo realmente único.

Ahora mismo, su trabajo discurre en dos líneas paralelas: la textil –haciendo diseño de pattern a partir de sus propios dibujos hechos a mano, algunos pintados directamente sobre la tela, otros en serigrafía y la mayoría en impresión digital– y la cerámica –pintando a mano cada una de sus piezas, algunas sobre barro cocido, otras sobre loza blanca bajo cubierta y otras sobre piezas de cerámica hechas a medida–.

Reconoce que su trabajo puede resultar a veces muy kitsch, pero es parte de su sello de identidad y una muestra de que se divierte mucho con el trabajo que hace. Para crear se inspira en la observación minuciosa de la vida cotidiana, pero también en la historia, la mitología, los viajes y en otras culturas. Lleva consigo un diario en el que apunta todas las cosas que le llaman la atención y dibuja siempre escuchando música. Hacer piezas por encargo es una de las partes favoritas de su trabajo, ya que le obliga a buscar materiales y crear desde cero, además de poder ver luego la cara de las personas cuando les enseña el resultado y ve que ha logrado hacer justo lo que habían imaginado para su casa o su local, sabiendo que nadie más tendrá una pieza igual. Sus encargos favoritos son los regalos de boda, sobre todo las vajillas personalizadas.

Sus piezas se pueden comprar directamente en su tienda online (cuenta con un apartado para los pedidos hechos a medida y las piezas por encargo), y en Madrid también en la tienda El Afilador (Jesús y María, 8 <M> Tirso de Molina).

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